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Tu cerebro recuerda lo que tú intentas olvidar: así funciona el trauma en tu vida diaria

  • Foto del escritor: Rosa Hidalgo
    Rosa Hidalgo
  • 3 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

A todos nos ha pasado alguna vez: reaccionar de "manera excesiva", ante algo que, en teoría, no es para tanto. Un comentario que duele más de lo esperado, un tono de voz que activa la alerta, un conflicto pequeño que se siente gigante.

¿Por qué ocurre esto? La respuesta, muchas veces, está en experiencias del pasado que dejaron huella sin que nos diésemos cuenta. Y no hace falta haber vivido algo dramático para que exista un trauma. A veces basta con haber crecido sin sentirte visto, escuchado o comprendido.




Cuando oímos “trauma” solemos imaginar grandes catástrofes. Pero la realidad es otra:

  • Un padre-madre emocionalmente ausente

  • Una ruptura dolorosa

  • Bullying en la adolescencia

  • Un ambiente familiar tenso

  • Haber tenido que ser “el fuerte” demasiado pronto


No hace falta que algo sea grande para que haya sido profundamente impactante.El trauma ocurre cuando algo nos supera y no encontramos consuelo.


El cerebro recuerda lo que tú intentas olvidar


Tu alarma interna se queda demasiado sensible. Tras un trauma, la amígdala —el “sensor de peligro”— puede quedarse hipervigilante.¿Resultado?


  • Te asustas con facilidad

  • Vives “a la defensiva”

  • Interpretas señales neutras como amenazas


No eres tú “siendo exagerado”. Es tu cerebro intentando protegerte


El pasado se cuela en el presente


El hipocampo, encargado de ordenar los recuerdos, puede confundirse tras un trauma. Por eso, algo pequeño del presente puede despertar emociones antiguas muy intensas.

Y cuando eso ocurre, el cerebro activa la alarma: la parte racional se apaga y deja de pensar para centrarse en sobrevivir.

Esto se traduce en:


  • Impulsividad

  • Bloqueos

  • Dudas constantes

  • Dificultad para pensar con claridad


Tu cerebro no está pensando… está sobreviviendo.

 

 ¿Y esto cómo se nota en el día a día?


De muchas maneras. Algunas muy evidentes, otras muy sutiles.


En tus relaciones

  • Miedos a que te abandonen

  • Dificultad para confiar

  • Elegir parejas que repiten viejos patrones

  • Celos, dependencia o evitación


En cómo te tratas a ti mismo

  • Autocrítica feroz

  • Sensación de no valer

  • Vergüenza silenciosa


En tus emociones

  • Reacciones intensas

  • Bloqueos

  • Ansiedad

  • Apatía


En tu cuerpo

El trauma no solo se recuerda… se sienten dolores, insomnio, tensión, problemas digestivos, cansancio sin motivo.


Tu cuerpo tiene memoria.

 

La buena noticia: el trauma se puede sanar


El cerebro no es una foto fija. Es, flexible, capaz de reorganizarse.

Con apoyo adecuado (terapia, vínculo seguro, herramientas para regular el cuerpo), se puede:

  • Recuperar la calma

  • Manejar mejor las emociones

  • Construir relaciones más sanas

  • Dejar de repetir patrones

  • Volver a sentir seguridad


Sanar no es olvidar, sanar es que el pasado deje de mandar sobre tu presente.

 

Conclusión:


Entender cómo el trauma del pasado sigue presente no es un ejercicio de culpa, sino de lucidez. Poner nombre a lo que duele permite aliviar aquello que antes solo pesaba. El trauma no define tu historia: solo señala lo que aún necesita ser escuchado.


El pasado duele… hasta que decides escucharlo


 
 
 

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