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¿Por qué no consigues desconectar ni siquiera en vacaciones?

  • Foto del escritor: Rosa Hidalgo
    Rosa Hidalgo
  • 5 ago
  • 3 min de lectura

Cuando el cuerpo descansa, pero el cerebro continúa en alerta

Por fin llegan las vacaciones. Cierras el ordenador, dejas atrás los horarios y piensas: «Ahora sí, voy a descansar».

Pero pasan los primeros días y algo no encaja.

Sigues pensando en lo que has dejado pendiente. Te cuesta dormir, estás más irritable o sientes la necesidad de llenar cada momento con planes. Incluso puedes estar en un lugar precioso, y notar que tu cabeza continúa funcionando a toda velocidad.

Entonces aparece otra preocupación:


«¿Por qué no consigo relajarme si, en teoría, estoy de vacaciones?»

La respuesta no está en que no sepas disfrutar ni en que estés haciendo algo mal. Muchas veces ocurre porque el cuerpo ha parado, pero el cerebro todavía no ha salido del estado de alerta.




Cambiar de lugar no apaga el estrés


Cuando llevamos meses respondiendo a obligaciones, preocupaciones y prisas, el cerebro se acostumbra a estar pendiente del siguiente problema.

Es como una alarma que se ha vuelto demasiado sensible.

Por eso pueden aparecer tensión muscular, cansancio, dificultad para dormir, irritabilidad, pensamientos repetitivos o la necesidad de mirar constantemente el móvil.

Ante el estrés, el organismo activa diferentes sistemas para prepararnos para actuar. Aumenta la atención, moviliza energía y libera sustancias como la adrenalina y el cortisol.

Esta respuesta es útil ante un problema puntual. Pero cuando se mantiene durante demasiado tiempo, al organismo le cuesta más recuperar la calma.

Por eso, estar de vacaciones, no significa que el cerebro sepa inmediatamente que ya puede bajar la guardia.


El cerebro necesita un periodo de transición


Imagina un coche que lleva muchas horas circulando a gran velocidad. No puede pasar de cien a cero de manera inmediata.

Con nuestro cerebro sucede algo parecido.

El primer día sin trabajar no siempre es el primer día de descanso mental. Necesitamos un tiempo para disminuir el ritmo y dejar de funcionar como si todavía tuviéramos algo urgente que resolver.

Aunque estemos fuera del trabajo, la recuperación también requiere una auténtica desconexión mental: dejar de pensar en tareas pendientes, anticipar posibles problemas o seguir dándole vueltas a lo que tendremos que hacer al regresar.

Además, al parar pueden aparecer emociones que durante el resto del año habían quedado escondidas detrás de las obligaciones.

Quizá no te encuentres peor por estar de vacaciones. Quizá, por primera vez en mucho tiempo, estás escuchando tu cansancio.


¿Por qué cuesta tanto no hacer nada?


Algunas personas han aprendido a relacionar su valor con estar ocupadas, resolver problemas o cuidar de los demás.

Cuando paran, aparecen pensamientos como:

«Estoy perdiendo el tiempo».

«Debería aprovechar más el día».

«Seguro que se me olvida algo».

Si el cerebro ha asociado estar ocupado con ser útil o responsable, descansar puede provocar culpa o inquietud.

Pero descansar no es abandonar las responsabilidades. Es permitir que el cuerpo y la mente se recuperen.


¿Qué puede ayudarte?


No te obligues a relajarte

Convertir el descanso en otra obligación genera más presión. En lugar de pensar «tengo que aprovechar las vacaciones», recuerda que tu cuerpo puede necesitar unos días para bajar el ritmo.


Deja algunos espacios sin planes

No necesitas llenar cada hora. Pasear, leer, nadar o simplemente sentarte a la sombra también son formas de descanso.


Reduce el uso del móvil

Los mensajes, las noticias y las notificaciones mantienen al cerebro recibiendo estímulos. Prueba a dejar el teléfono lejos durante las comidas, los paseos o la primera media hora del día.


Vuelve al momento presente

Caminar despacio, respirar tranquilamente, o prestar atención a lo que ves y sientes, puede ayudar al organismo a comprender que, en ese momento, no tiene que correr ni resolver nada.


Pregúntate qué necesitas

No todas las personas descansan de la misma manera. La pregunta no es «¿qué debería hacer en vacaciones?», sino: «¿Qué necesitan hoy mi cuerpo y mi mente?»



Y recuerda....


Unos días de descanso pueden hacernos sentir mejor, pero el cerebro también necesita tiempo para cambiar de ritmo.

Si al principio te cuesta desconectar, no conviertas el descanso en una nueva exigencia.

Quizá estas vacaciones no necesites hacer más, sino permitirte ir un poco más despacio.

Porque descansar también se aprende.

A veces, aprender a descansar también forma parte de cuidarnos.

 

 
 
 

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